| Dicen que lo que será, será. Ciertamente, creo que en la vida tenemos un programa más o menos predeterminado, que siempre nos encaminará al lugar al cual pertenecemos, aunque somos nosotros mismos los responsables de hacer cumplir ese destino.
Así pasaron los años, entre ensayos, pausas, pequeños triunfos y aleccionadores errores. Sin embargo, esa vocación subsiste, y cuanto libreto se atravesaba lo digería rápidamente, sonriendo ante el gracioso desliz de ser otra persona, de imaginarle una realidad, un pasado que lo llevó a este presente que está en mis manos, todo en cuestión de segundos. Sin embargo, aunque la vocación existe, a veces optamos por exagerar la realidad y dejarnos llevar por los problemas del día a día, alejando lo que creemos que no nos resolverá. Recuerdo con cariño un comentario que surgió en alguna navidad de mi infancia, concretamente una amiga de la casa, la mexicana Teresa Selma, decía a mis padres que "ese niño debería ser actor".
Yo no tendría idea hasta muchos años después de que la señora Teresa era una actriz de amplia carrera en teatro, pero lo que sí sabía entonces es que me llenaba mucho hacer mis representaciones en silencio de "Un cuento de Navidad". Así llegó una oportunidad en el teatro de la escuela, con apenas 5 años formaría parte en una representación para final de curso que relataba la historia de un baile regional. Lo interesante aquí fue que si bien no participé en el elenco principal, a los organizadores se les ocurrió que fuese el narrador principal.
Con esa edad, cualquier niño se asustaba, en mi caso fue la gran oportunidad: Y así fue, porque al final todo el mundo preguntaba por el niño aquel que no se equivocó en palabra alguna, para mi fueron las primeras críticas que con aplausos llenaban el espacio vacío de aquella necesidad que contaba anteriormente.
Pero en ese momento las condiciones no fueron las más apropiadas para continuar, así que me concentré en terminar los cabos sueltos, y así ya graduado, vuelve a surgir una oportunidad interesante en Europa, que no se concretó, pero que significó una confrontación importante entre lo que hago vs. lo que quiero en la vida.
A veces siento que todo esto ha sido una preparación para algo que vendrá, pues en todo este tiempo he visto ídolos de papel y verdaderos artistas, he visto cantidad y calidad, y he disfrutado momentos como he sufrido decepciones, todo en ambos lados de la cuarta pared, por lo cual hoy he alcanzado una seguridad que significa mucho para mi, principalmente un equilibrio que me ha hecho entender mis fortalezas y mis debilidades, lo cual considero es fundamental antes de embarcarse en cualquier proyecto de vida. Por ello hoy entiendo que la meta es actuar, esto es ejecutar acciones premeditadas, sea en un libreto o en la vida misma, y no esperar la fama, porque esa cuando hay calidad, simplemente es un agregado más. Pero la necesidad de expresarse, eso no es tan simple, eso es la grandeza de explotar la verdad que has venido a defender en esta realidad. Eso es actuar. Fotografias: Alejandro Tinoco / Ricardo Delgado
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Escrito por Arturo Mckey



Lo digo por experiencia propia, pues la actuación siempre ha formado parte de mi vida, pero por una o por otra razón no siempre ha estado presente, no significando ello que no sea importante. Al contrario, esas ausencias me han permitido entender lo trascendental que es para un artista expresar su vocación, una necesidad tan sutil como cualquier otra, comer, dormir, vivir. Actuar.
En mi caso, decidí buscar un trabajo de oficina, lo cual me llevó a obtener una carrera universitaria de la cual no podría quejarme, pero que no era suficiente. En esta época, obtener un trabajo no es fácil, más aún si no se cuenta con experiencia, y es allí cuando acepto la oferta de realizar un set fotográfico para un catálogo de ropa. Otra vez el destino empujando, pues enfrentarse a una cámara en estas condiciones implica una especie de actuación estática, un guiño a lo que siempre ha querido salir.